Para nuestro Colegio, peregrinar a Luján no es sólo un desafío físico o una experiencia de impacto religioso, sino una potente herramienta pedagógica que integra la formación espiritual, humana y comunitaria. La peregrinación funciona como una metáfora de la vida: por una parte, invita a «desprenderse de lo superficial» para centrarse en lo esencial, Renueva nuestra mirada en la Madre que nos espera en su Casa. Promueve una mirada crítica sobre las urgencias cotidianas, el consumismo y la inmediatez. Sin lugar a dudas, es una poderosa herramienta de educación en la interioridad, en tanto ofrece un espacio único para la oración personal y la introspección. El camino a Luján, permite procesar dolores, esperanzas y gratitudes, transformando una actividad grupal en un encuentro personal con Dios a través de María.
Por otra parte, el cansancio y el sacrificio físico enseñan a nuestros alumnos sobre la perseverancia y la superación de límites personales.
Caminar junto a las familias hace al sentido de comunidad, con alumnos de diferentes cursos, docentes, ex alumnos y amigos del Colegio, fomenta la empatía y el vínculo fundado en la fe común. Como otros años, culminando septiembre, hemos llegado a los pies de María, con un fuerte trabajo previo motivando la participación en las aulas, asegurando la logística del viaje y la preparación interior (los pedidos y agradecimientos de los peregrinantes). Bendijo la salida desde el punto habitual de encuentro el Padre Gustavo Páez, siempre dispuesto a acompañar al Colegio en sus iniciativas. A la cabeza de este esfuerzo, estuvieron Javier y Cuni Ávalos y Diego Alende. Hay que destacar el importante rol de ayuda: nuestros alumnos o los egresados, con los vehículos dispuestos, suelen participar en los «momentos de apoyo», ejercitando el servicio, una forma de «caminar juntos» y sostener a quienes peregrinan. La llegada, siempre emocionante, permitió encontrarnos asociados en la Eucaristía. Como peregrinos de esperanza, llegamos con el corazón lleno de alegría y gratitud, y tuvimos la gracia de compartir la misa de todos los Santos. Formidable culminación del año jubilar, como un tiempo de gracia y fe; un momento para renovar nuestra relación con Dios y pedir Su ayuda en nuestro camino, experimentando Su misericordia y amor, y así llevar esa experiencia a nuestra vida diaria.

Tradición y Soberanía.
Se pueden relacionar el Día de la Tradición y el Día de la Soberanía Nacional, porque ambas celebraciones refuerzan la identidad nacional argentina desde diferentes perspectivas.


