El placer de coincidir con un hombre inteligente

En estos días hemos recibido muchos comentarios favorables a la decisión de incorporar los cursos de Cultura latina y latín en I y II año de la orientación de Ciencias Sociales y Humanas. El proyecto podrá, seguramente, ser perfeccionado. Pero sin dudas, está originado en la convicción de su valor formativo. Fue muy difícil encontrar el mecanismo para su incorporación. Esperamos que se perfeccione y “haga tradición”, con todo lo que de esfuerzo y dedicación y entusiasmo requiere una tradición escolar. Nos han gustado mucho estas reflexiones del Doctor Pedro Barcia, que quisiéramos compartir con todas las familias.

_____________________

Ante la polémica por una reciente presentación en la Justicia
Por qué es importante estudiar latín en la escuela secundaria
Para el titular de la Academia de Letras, desarrolla las competencias lingüísticas

Leímos hace unos días en LA NACION una petición a las autoridades para excluir la enseñanza del latín del secundario, por parte de los padres de un muchacho que no podía promover a tercer año, al desaprobar cuatro asignaturas de segundo.

Qué reveladora es la ignorancia de esa lengua en los imperitos que bautizaron con una palabra híbrida un nivel de la escuela, el polimodal: "poli" es griego, y "modal" es latino. El bautismo mezclado reflejaría lo confuso y misturado de la criatura.

El caso aludido no es insólito, sólo lo es la materia cuestionada. Es cotidiano en las escuelas que los padres gestionen en favor de sus hijos para evitar que rindan examen, que repitan, que se les apliquen sanciones Y, luego de alzar tronos a estos principios, alzan cadalsos a las conclusiones: el fracaso del muchacho egresado. Les cabe a los padres una cuota alta de responsabilidad en esto.

Con esa actitud abogadil paterna colaboran muchas autoridades, cómplices de la cuesta abajo, y le dan impulso al tobogán. Nada de exigencia, nada de esfuerzo. Es como si en un gimnasio (eso es la escuela) le dijeran: no haga el menor movimiento ni se esfuerce, el músculo se desarrolla solo. La masa flácida que egresa de ese gimnasio no tendrá inclusión en ningún equipo social. El muchacho pasa, por estas gestiones malhadadas, de incluso escolar a expósito social, cuando egresa.

Nadie debe exigir, en respeto a la libertad de opción, que se incluya o se excluya el latín, obligatoriamente, en todos los planes de estudios del nivel secundario. La opción libre es democrática. Exigir quitarlo es nivelar contra la diversidad y en favor de una uniformidad empobrecedora. Imponerlo es abusivo. Lo ideal en este terreno es brindar opciones.

Cuando las cosas van mal

Ahora bien, seamos adultos responsables: si hacemos una elección, que se supone meditada -y si no, es irresponsable-, como es la elección de colegio para un hijo, una vez que las cosas puedan ir mal, en el rendimiento del muchacho, no quiera cambiar las estructuras. Acepte que su muchacho es el problema, si junto a él cientos no lo tienen. Ejerza la libertad de cambiar de colegio a su hijo, y no se ponga a exigir que, por su hijo, cambie el colegio, cambie todo el sistema.

Recuerdo el caso del cacique que quedó rengo y obligó a renguear a toda la tribu para que no se advirtieran diferencias. No se pueden cambiar las reglas del ajedrez si le va mal a uno en la partida. Así no vale. La reacción es adolescente, pues no se asume las consecuencias de una elección libre.

Las realidades de toda naturaleza suelen ser despreciadas por dos tipos de personas: las que no las alcanzan ("están verdes", dijo la zorra, después de saltar inútilmente y no alcanzar el tentador racimo de uvas) y las que no las conocen, y son esclavos de esa ignorancia.

El éxito y la buena salud del dictado del latín en los colegios están más que probados; muestras al canto: el Nacional de Buenos Aires, el Monserrat, de Córdoba, y un buen número de secundarios en muchas provincias.

Ayer entrevistábamos, para una beneficiosa beca, a un estudiante universitario cordobés de informática, que se lamentaba de que se hubieran reducido los cursos de latín del Monserrat, de donde egresó, modificando el plan original. No hablaba un universitario de letras ni de filosofía, un "nefelibata", habitante de nubes, como diría Aristófanes, sino un entusiasta del ciberespacio que había probado el beneficio de ese aprendizaje desde ángulos de interés muy diferentes de los literarios.

Cabe preguntarse por qué se enseña latín, qué conveniencias trae.

Lo primero, es lengua madre de todas las romances actuales, y sustrato importante del inglés, actual lengua franca mundial.

Segundo, el sistema de esa lengua exige un tipo de ejercicio mental diferente del que piden las modernas. La estructura sintáctica, mucho más suelta pero notablemente articulada, ofrece la posibilidad de desarrollar competencias lingüísticas diferentes de las que estimulan las lenguas modernas. De esto se trata: de que las capacidades cognitivas se desarrollen en todas las direcciones posibles. Una cosa es leer a Arlt y otra, leer a Borges. Los tipos de especificaciones cognitivas que cada uno hace explorar y practicar son diferentes. Lo mismo pasa con el aprendizaje de lenguas: una realidad es el inglés y otra, el latín. Se trata de buscar la complementariedad y no de reducir el espectro a un autor, a una sola lengua. Esas son formas de empobrecimiento y analfabetismo.

La organización peculiar, rigurosa, diferente, del latín, es altamente pedagógica. Las formas declinantes, los casos, la consecución de los tiempos verbales, la organización sintáctica con hipérbatos libres, la capacidad lapidaria de la expresión concisa, todo esto propone experiencias enriquecedoras propias de esa lengua. Borges, que lo estudió gustoso, escribió: "Todos sentimos la nostalgia del latín". Bueno, se ve que no todos...

Por Pedro Luis Barcia
Para LA NACION
El autor es presidente de la Academia Argentina de Letras




Pardo 2068, Muñiz - (1663) Provincia de Buenos Aires - República Argentina
Te. 4667-1133 / 4664-5658 - Fax 4667-0664 - mensajes@sagrada-familia.edu.ar